GUSTAVO VILLAPALOS
Catedrático de Universidad

Angel Ortiz de Villajos conoció la música nada más nacer en 1898 en Adra. Su madre le inculcaría esa pasión enseñándole a componer, a la par que aprendía piano y violín.

Con cinco años creó un sencillo vals. En 1915 se traslada a Madrid donde asiste al Conservatorio. En esa época encuentra Angelito, como se le conocía en Almería, un ambiente fresco y divertido que le anima a componer. Los primeros cuplés los crea con 21 años.

La década de los años veinte se convierte en la de mayor apogeo de este compositor. Consigue un empleo de oficial en el Cuerpo de Telégrafos. Por entonces, en 1921, su fama se extiende por todo el país con su extensa producción de canción andaluza y charlestón.

Fue Angel Ortiz de Villajos quien introduce este baile y lo difunde en España. Sus alegres composiciones acompañadas por la letra de Mariano Bolaños y Alfonso Jofre de Villegas se hacen con fonográficas y se convierten en la música más oída y cantada. Para promocionarla abrió estudios y academias. Sus canciones ocupan bandas sonoras de películas: ahí quedó Santander en llamas o El Relicario, o las actuales ¡Ay, Carmela! y Yo soy ésa. Paramount y Fox también requerirían sus notas. Los charlestones Al Uruguay o Madre cómprame un negro y el pasodoble Cuna Cañí se convierten en éxitos mundiales, cantados en países dispares.

Los años siguientes continúa el éxito, hasta que llega la Guerra Civil y con ella la penuria. Enfermó y se trasladó a Guadarrama donde abrió una academia por la que pasaron Lola Flores o Carmen Morell.

En 1952 murió enfermo, dejando para la posteridad 1.350 composiciones, en 50 géneros incluidos 68 bailes.

Almerienses del siglo XX | Redacción ideal.es