Cano vivió en Sevilla un cuarto de siglo. Allí se reveló como un artista de talento Enrique Valdivieso González Universidad de Sevilla La infancia de Alonso Cano transcurrió en Granada donde había nacido en 1601. En su adolescencia su vida cambió de escenario puesto que su padre Miguel Cano, ensamblador de retablos, quizás por motivaciones económicas se trasladó a Sevilla hacia 1613. En la urbe hispalense, principal centro artístico español en aquella época, el joven Alonso Cano hubo de manifestar una clara vocación hacia la creatividad pictórica, por lo que su padre le colocó de aprendiz con el más erudito pintor que entonces habitaba en la ciudad del Guadalquvir: Francisco Pacheco que al mismo tiempo era maestro de Velázquez. El joven Cano entabló entonces una sólida amistad con su contemporáneo Diego Velázquez que habría de durar toda la vida. La estancia de Cano en el taller de Pacheco debió de ser muy breve pues, tenemos constancia de que estuvo con él sólo ocho meses y que después aprendió por su cuenta en el taller de su padre «simetría y anatomía» materias que al lado de otras muchas cuestiones artísticas le revelaron enseguida como un joven de notable talento. Alonso Cano se entusiasmó también desde muy pronto con la belleza física que supo traducir fácilmente en hermosura espiritual, aspectos que se reflejan
A los veinte años de edad Cano había
ya concluido su formación y por lo tanto estaba en
condiciones de ejercer su profesión artística.
Sin embargo no se examinó para obtener el título
de maestro pintor hasta 1626 fecha en la que el tribunal que
le juzgó le describía como «hombre de
buen cuerpo, con tres señales de vida encima de la
ceja izquierda». Su actividad artística en Sevilla
se prolongó hasta 1638 por lo que la existencia de
Cano en esta ciudad duró aproximadamente un cuatro
de siglo tiempo en el que reveló como artista de gran
talento y uno de los principales artífices que laboraron
en la ciudad. Su trabajo como escultor y pintor le proporcionó
una excelente reputación hasta el punto que cuando
en 1631 el pintor Juan de Uceda al hacer su testamento decidió
que Cano concluyese los trabajos que él dejaba sin
terminar indicando que «en esta ciudad no hay nadie
más capaz y digno para hacerlo». |