Cuando por Real Cédula de 28 de noviembre
de 1776 son aprobados definitivamente los Estatutos de la granadina Sociedad Económica
de Amigos del País, que nace en agosto de 1775 y es promovida por Bartolomé
de Bruna y Ahumada, Consejero de Hacienda, siendo sus primeros socios personajes
de la nobleza, de la jerarquía eclesiástica y de la administración
civil y militar, algunos de ellos de fina vena ilustrada como Juan Sempere y Guarinos,
afincado en Granada, y José Alonso Ortiz, primer traductor de la obra del
economista escocés Adam Smith, ya se estaba fraguando la creación
de nuestra Academia que tan necesaria era para Granada. En la página de
oro del 18 de enero de 1777 hay escritos tres nombres que son claves en la historia
de esta docta casa: los pintores Diego Sánchez Sarabia y Luis Sanz Jiménez,
y el canónigo doctoral Antonio Martínez de la Plaza, vinculado también
a la Sociedad Económica como miembro fundador, más tarde Obispo
de Canarias y después de Cádiz. Algunos malentendidos con la autoridad
académica de Madrid junto con las normas que se dictan hacen que vaya cambiando
en breve espacio de tiempo el nombre de nuestra Institución que de Academia
de Bellas Artes del Reino de Granada pasa a llamarse Escuela de Diseño,
Escuela de las Tres Nobles Artes, Pintura, Escultura y Arquitectura, Escuela de
Dibujo, Real Escuela de Nobles Artes, Real Academia de Nuestra Señora de
las Angustias, Academia Provincial de Bellas Artes etc.
Las Academias surgen
como valiosa ayuda para la gente que deseaba estudiar y no disponía de
medios necesarios. A pesar de todos los esfuerzos que se llevaron a cabo durante
tanto tiempo, cien años después, el Académico José
de Paso y Fernández- Calvo, en sesión pública del 2 de octubre
de 1890, decía: “Y nuestras clases populares, los obreros, los hijos del
pueblo, carecen de Escuelas de artes y oficios, ú otras análogas
que les permitan progreso alguno, ni les ofrezca nobles caminos en su laboriosa
vida; sobre motivos de economías se han suprimido las pensiones artísticas
que tan acertadamente se concedían para Madrid; y no parece sino que la
fatalidad cierra el paso á la juventud que comienza sus estudios en nuestra
Escuela”. Las crisis políticas y religiosas, las circunstancias económicas
muy penosas, los cambios sociales con sus periodos revolucionarios fueron configurando
el relato lamentable de desventuras de nuestra casa en la que habitaron como ahora
pintores, escultores, arquitectos, músicos, arabistas y orientalistas,
literatos, juristas, sabios, doctores, médicos, eclesiásticos, militares,
políticos...
Aunque la Academia no consiguiera crear su propio museo,
la trashumancia dañara gravemente nuestro legado, provocando pérdidas
de documentos y valiosos objetos -la ciudad y sus circunstancias no dieron para
más-, y decisiones políticas le privaran de competencias naturales,
permanece en nuestra memoria lo mejor de su historia: la siembra fecunda y el
servicio a las clases populares, pues nuestra casa realizó una encomiable
labor docente, creó y dirigió tras la exclaustración el Museo
Provincial de Bellas Artes en el Convento de Santo Domingo, donde se consolida
una labor brillante con la formación de una biblioteca, que hoy es nuestro
tesoro, la ampliación de cátedras para la enseñanza pública
y la ayuda a los jóvenes artistas que necesitaban copiar los mejores cuadros.
Poetas, artistas y las bellezas de Granada, como se decía entonces con
gracia singular, se daban cita allí en la Academia, que respiraba amor
al arte, actividad febril, ilusión incuestionable, y organizaba solemnes
actos, juntas públicas y fiestas, en una época de dejadez que tanto
daño hizo al patrimonio de Granada.
Deseamos que no se repitan situaciones
graves como aquellas del siglo XIX o de 1933 cuando un Numerario solicitó
ante la autoridad política la supresión de nuestra Institución
porque “la Academia era un organismo muerto”. No tardaría mucho tiempo
en venir la oscuridad, de infortunada memoria. En estos momentos la Academia tiene
el deber de asumir su pasado, con luces y sombras -las luces pueden más-,
reconocer sus grandes errores, huir de recordatorios que son vergüenza de
una sociedad vulgar y dar ejemplo con su capacidad de entrega, estímulo
y compromiso.
Hoy, cuando reflexionamos con motivo de esta conmemoración,
comprobamos que estamos incrementando nuestra presencia en la sociedad y por tanto
aumentando el servicio a la misma: nuestro fin primordial estatutario. Como Academia
y Académicos Asociados al Instituto de España -nuestro agradecimiento
a Don Pedro García Barreno, Secretario General de dicho Instituto, nunca
será suficiente por su encomiable apoyo- se nos abre un campo de grandes
posibilidades para desarrollar nuestra labor. La Real Academia de Bellas Artes
de Granada tiene el gran reto de ponerse al día en lo que respecta a las
nuevas tecnologías. La contribución del Instituto de España
va a ser fundamental al hacerse cargo del patrocinio de la instalación
de una moderna red informática con el instrumental necesario para realizar
un trabajo acorde con nuestros fines. La informatización, con todo lo que
lleva consigo de procesamiento de datos y comunicación por Internet, nos
va a facilitar mucho la comunicación con la Sociedad y sobre todo con las
Academias de España para intercambiarnos datos de interés, lo que
nos brindará la oportunidad de entrar en contacto más fácilmente
con todas las instituciones que deseen consejo y orientación de esta casa.
Esto, unido al desarrollo de programas creativos y de apoyo a las zonas artísticas,
el fomento y la difusión de espacios culturales, el enriquecimiento del
patrimonio de la ciudad, el reconocimiento a personas e instituciones con distinciones
de prestigio (además de la Medalla de Honor, hemos institucionalizado las
Medallas Carlos III, a las Bellas Artes y al Mérito, como recuerdo de aquellas
solemnes entregas de premios de nuestra Academia), las exposiciones, los concursos
(de Composición para Órgano, de Fotografía y de Dibujo),
los conciertos, las actividades de investigación, fomento y difusión
del pensamiento artístico, la publicación de la Historia de la Academia,
los seminarios y bienales en marcha son retos y ofertas a nuestra sociedad. Y
no olvidamos el gran Museo que necesita la ciudad junto con otros proyectos que
se están madurando, sobre todo los referidos a la defensa del patrimonio,
el urbanismo, lo verde, el silencio, la tranquilidad: los grandes valores de una
ciudad privilegiada y mitificada. Por ello la Academia de Bellas Artes reclama
toda suerte de ayudas para a cambio regalar tiempo, ilusión y entrega,
y su pensamiento sigue abierto a la colaboración institucional.
La Academia
quiere reivindicar espacios de libertad y credibilidad, los mismos que tuvo en
tantos momentos gracias a personajes egregios que dieron parte de su vida y de
su tiempo a cambio de conseguir la fortuna de una época más ilustrada.
Somos conscientes de que hemos de recuperar el pensamiento libre (pensar tiene
un precio, y mucho más desde una rotunda libertad) ajeno a tentáculos
y señuelos de fáciles adhesiones, y convertir nuestra cabeza en
una casa de congruencia, de razón, que tanta falta hace en la sociedad.
La Ilustración es camino para la verdad, pues la razón, ausente
a veces en nuestro pequeño mundo, no es amiga del simulacro ni de las apariencias.
La Ilustración nos recuerda que debemos caminar erguidos, como seres pensantes
y enemigos de la esclavitud, del chantaje, de la loa mezquina, de la compra, ajenos
a presiones y defensores de todo lo que signifique respeto y exigencia. La Ilustración
es la utopía de una sociedad que siempre ha de tender a escribir con tintes
de verdad.
Se es Académico no sólo por prestigio y mérito,
sino también por una rara cualidad que se llama aptitud que nos exige algo
más que un currículo y que tiene que ver con las virtudes que en
1802 recordara el que fuera Director de esta Academia, el Maestrante Antonio Pérez
de Herrasti y Viedma: “libre de orgullo y preocupaciones vulgares”, lo que exige
capacidad de entrega, ilusión, aliento, ardor, lucha, renovación,
reforma, y revisión.
En la presente conmemoración renuncio a
hacer una lista de apellidos - son por fortuna demasiados -, pues no sería
justo obviar a tantos nombres ilustres que formaron parte de nuestra familia académica,
espejos que nos sirven de ayuda para superarnos cada día. Como dijeran
José de Paso y Fernández-Calvo, en la Memoria de 2 de octubre de
1890, al dedicar tributo de cariño y dolor a los compañeros desaparecidos,
la Academia “honra vuestros nombres y os propone al mundo del arte como modelos
dignos de ser imitados”. Ejemplos tan eximios nos motivan y nos excitan el celo
para seguir luchando por un nuevo concepto de ilustración, tan necesario
siempre. Esperamos no defraudar, y confiamos en que nos sentiremos apoyados por
todos los que de verdad creen en la Academia. Esta conmemoración es un
gesto, un símbolo, una invitación a la sociedad a que confíe
en nosotros. Es una reafirmación en el amor a Granada.
De otra parte,
promesas de fidelidad y entrega son el mejor regalo que podemos hacerle a nuestra
querida Academia. No nos van a faltar proyectos ni ideas para trabajar con ilusión
por Granada y por el mundo del arte y de la cultura. Queremos estrechar lazos
con Jaén y Almería, y acercarnos a otras poblaciones para prestar
ayuda y asesoramiento, o para estar juntos en los momentos de zozobra y premiar
meritorias labores en pro del arte y de la gran cultura. Como dijera un Numerario
nuestro hace más de un siglo, esta Academia formula sus “legítimas
aspiraciones con verdadera fé en lo porvenir”, por ello damos las gracias
a las instituciones que han sabido ser gentiles con nosotros. Ciertamente queda
mucho por hacer y es muy vasto el campo por cultivar, y como en el mito de Penélope,
la noche deshace lo que en el día se hace. Las noches de Granada, las otras,
las negras y terribles, nos llaman y exigen reparación, reconstrucción
y rehabilitación.
Debemos agradecimiento a los Gobiernos de España
y de Andalucía, por las subvenciones anuales; a la Caja de Granada y Cervezas
Alhambra por aceptar vías de colaboración responsable, y al Diario
IDEAl por su apoyo. Confiamos en que el silencio de algunas instituciones, sobre
todo las públicas, se convierta muy pronto en voz generosa de colaboración,
como les corresponde.
Somos conscientes de que nos esperan años duros,
pero sabemos que la prisa es mala consejera y sobre todo que lo grande requiere
tiempo. Merece la pena recordar el talante ejemplar del Presidente José
Manuel Segura Fernández, catedrático de la Universidad de Granada,
ex diputado a Cortes, ex senador del Reino, que procuraba estar desbordado de
ideas para evitar caer en la tentación del cansancio o desaliento. No es
de extrañar que se consiguieran tantos objetivos en su mandato iniciado
en 1912: Magna Exposición de Arte Histórico, declaración
de Utilidad Pública para nuestra Biblioteca, recuperación de la
Casa de Castril para el Museo Arqueológico, ampliación del número
de Académicos Numerarios, Reconocimiento de Máxima Clase para la
Academia por parte del Gobierno, visita del Rey Don Alfonso XIII para contemplar
el Tríptico, bajo tutela de la Academia, etc. Muy pronto vendrían
normas que conseguirían arrinconar a estas Instituciones, vaciándolas
de contenido, como por ejemplo la de 1914, cuando se crea el Patronato del Museo
de Bellas Artes y la Academia pierde su tutela.
Al iniciar los actos conmemorativos
de tan feliz aniversario, queremos agradecer a SS. MM. los reyes de España,
Don Juan Carlos I y Doña Sofía, Patronos y Académicos de
Honor de esta Real Academia de Bellas Artes de Granada, su adhesión a conmemoración
tan entrañable. La Academia espera el momento de celebrar un encuentro
con SS. MM. - el mejor sello de la conmemoración, la fianza para el futuro
que creemos se abre con esplendor - y así rememorar la visita de 6 de julio
de 1970 cuando siendo Príncipes de España vinieron a Granada para
la recepción académica de Andrés Segovia, o recordar aquella
de Don Alfonso XIII cuando en enero de 1913 se presentó en Granada con
la Corte para disfrutar de la eximia belleza del Tríptico del Gran Capitán,
custodiado por la Academia.
La presencia en Granada de Doña Margarita
Salas Falgueras, Presidenta del Instituto de España, nos honra y genera
afectos. Su gesto, que sabemos valorarlo y nunca lo olvidaremos, es ejemplo de
gallardía y finura pues ha decidido estar con nosotros en un día
tan importante y significativo, que tantos recuerdos y memoria nos trae, a pesar
de las obligaciones que tenía contraídas en Madrid. Como agradecemos
también la disponibilidad del Presidente del Instituto de las Academias
de Andalucía.
En este día de júbilo, de recuerdos y gratitudes,
de veneración y respeto a la inteligencia, debemos gratitud a la Real Maestranza
de Caballería de Granada por haber estado tan unida a los inicios y destinos
de nuestra Academia, siendo gobernada con frecuencia por Maestrantes de gran prestigio
y corazón, y encomiable entrega. De igual manera agradecemos al Arzobispado
la gran labor cultural y artística desarrollada en Granada, y su apoyo
y vinculación a nuestra Institución que en un periodo significativo
del siglo XIX estuvo dirigida por el Arzobispo Monseñor Blas Joaquín
Álvarez de Palma, y que cuenta en su nómina del siglo XX con varios
prelados, entre los que destacamos en 1905 a Monseñor Messeguer y Costa,
en la clase de Honorario, y en 1954 a Monseñor García y García
de Castro, en la clase de Numerario, con Medalla nº 13. La gratitud es extensiva
a la Real Academia de San Fernando, con la que hemos mantenido y seguimos manteniendo
tantos vínculos, cuyo Director, el organista Ramón González
de Amezúa, no ha podido acompañarnos hoy por obligaciones ineludibles,
y a nuestra Universidad, tan sabia, tan antigua y tan nueva, por los años
de entendimiento y fructíferas colaboraciones.
Pero hoy también
nos regocijamos con las Academias hermanas de Granada, las de Jurisprudencia y
Legislación, Medicina, Ciencias Matemáticas, Físico-Químicas
y Naturales, Ciencias Veterinarias de Andalucía Oriental, y con tantas
instituciones y amigos que nos animan todos los días a seguir en la tarea
para la que fuimos elegidos.
Aspiramos a que cuando el 18 de enero del año
2027 se inicien los actos conmemorativos del 250 aniversario de la Fundación
de nuestra Academia, los que rijan entonces los destinos de esta casa sean generosos
con nosotros, y sobre todo se sientan orgullosos de sus antepasados, como nosotros
ahora nos sentimos. Confiamos en que nos pongan buena nota en las asignaturas
de entrega, dedicación y trabajo.