Carlos V- Quinto Centenario  

 

La creación de la UNIVERSIDAD

Tras la conquista de la ciudad –2 de enero de 1492–, Granada, a pesar de no contar con una tradición medieval cristiana, se abre a la nueva espiritualidad importada de Castilla. El diseño morisco va desdibujando sus contornos, sustituido por el nuevo paradigma cultural

Mª del Carmen Calero Palacios
Catedrática de Paleografía y Diplomática. (Universidad de Granada)

La Universidad de Granada es sin duda la institución docente más genuina de cuantas se diseñaron en la Congregación de la Capilla Real y en su proyección ya quedaron plasmados los cuadros rectores que la hicieron posible y el pacto de poderes –Iglesia y Corona– que le da sus notas más características. La visita del Emperador Carlos V a Granada, junio de 1526, va a tener consecuencias inmediatas e importantes para la cultura hispana, Granada concentra a los humanistas e intelectuales más prestigiosos del momento. Por otra parte, el erasmismo goza de crédito para quienes, acogiendo el esplendor clásico, aceptaron una concepción del hombre acorde con la visión cristiana y propugnaban una educación fundada en el acercamiento a los autores clásicos, reveladores del hombre, y a las ciencias reveladoras de Dios. Y no es casualidad que, en estos mismos días, Boscán y Navaggiero, con el beneplácito de Garcilaso, iniciaran en la Alhambra la innovación renacentista de nuestra poesía. Los moriscos, aprovechando la estancia imperial, presentaron al monarca un memorial de agravios en el que denunciaban los abusos que padecían por parte de la jurisdicción civil y eclesiástica. La petición pasó al Consejo Real que ordenó inspeccionar los lugares del Reino y averiguar la verdad o falsedad de lo narrado. La inspección desautorizó lo expuesto en el memorial y subrayó la falsedad de las conversiones y el fracaso de la asimilación morisca.

Una comisión de notables –obispos y letrados presididos por don Alonso Manrique, arzobispo de Sevilla– reunida en la Capilla Real analiza el panorama de la diócesis y lo achaca, entre otras causas, a la ignorancia de la fe. Así lo expresa la carta real de merced de 7 de diciembre de 1526 que contiene parte de los acuerdos de la Congregación y dirigida al arzobispo don Pedro Ramiro de Alba. Este documento pone de relieve, por una parte, la voluntad de generalizar la predicación de la fe católica y, por otra, que a un proyecto tan ambicioso –en el que se engloban además de la Universidad otras instituciones docentes– no se le asigna una renta que lo haga viable sino que toda su financiación se carga a las rentas eclesiásticas, simplemente porque la Corona carecía de recursos. Los sucesivos documentos que se emiten como consecuencia de los acuerdos de la Junta de la Capilla Real no hacen sino ir dando soluciones a los problemas derivados del cumplimiento de los citados acuerdos.

En la Congregación de la Capilla Real se explicita todo un proyecto de aculturación que aboca a la creación de la Universidad. A través de ella se diseñan las líneas programáticas para atraer al nuevo modelo cultural que se quiere imponer. Asistimos a una multiplicación de iniciativas, la Universidad y colegios serán el medio para hacer plausible el cambio ideológico y neutralizar la resistencia de la minoría morisca a perder sus signos de identidad. Al mismo tiempo, la necesidad de renovar y crear instituciones docentes como medio de modelar una ciudad aún no cristianizada, cobra una renovada importancia con la llegada del Emperador. En consecuencia, 1526 marca un hito importante, el paradigma cultural cristiano se presentaba como la panacea para lograr la asimilación de una descontenta y recelosa población. La coyuntura era propicia para reforzar la idea de su integración a través de la enseñanza, subsumiendo los factores culturales del segmento morisco.

A esta coyuntura se suma el hecho de no existir hombres de talla intelectual que pudieran persuadir a los moriscos, así el proyecto anteriormente expresado se refuerza con el deseo de formar una élite, eclesiástica y civil, capaz de servir al aparato de la Corona. La Universidad sería el vehículo cultural para forjar hombres doctos que defendieran la fe y ostentaran los más altos cargos y prebendas del Reino, costumbre ya iniciada en otras universidades y modelo elegido para la granadina. La real cédula de 7 de diciembre de 1526, dirigida al arzobispo don Pedro Ramiro de Alba, esboza la fundación de un Estudio General de Lógica, Filosofía, Teología, Canones, Gramática y casos de conciencia, en el que debía haber cuatro maestros que ocuparían las primeras cuatro prebendas que vacaren, dos en la Catedral y dos en la Capilla Real. Hasta que se adjudicaran las prebendas se les abonaría anualmente, a los catedráticos-prebendados, un salario de ciento diez mil maravedís, cargado sobre las rentas del arzobispado. Al mismo tiempo el monarca facultaba al prelado para que redactara las constituciones del Estudio, mientras tanto se regirían por las de la Universidad de Alcalá.

Junto al Estudio se erigió un colegio, en el que residirían 12 colegiales dirigidos por un rector y asistidos por un despensero, un cocinero, un refitolero y un portero, y una casa para albergar a cien niños moriscos. Es éste el origen del Estudio General, del colegio Real de Santa Cruz de la Fe y del colegio de San Miguel. Y aunque la real cédula sólo alude al Estudio General y genéricamente a un colegio, la carta real de merced de la misma fecha es más explícita en la configuración de las tres instituciones y en la renta que se les asigna, tanto para su construcción como para su puesta en funcionamiento. No obstante, las cantidades asignadas eran a todas luces insuficientes para poner en marcha un plan docente tan amplio. El Emperador prometió un millón de maravedís pero la realidad fue que sólo donó 400.000 y éstos para la escuela de moriscos, así la principal institución docente granadina quedó sin dotación. Las obras del Colegio Real de Santa Cruz de la Fe y Estudio General –proyectado, en principio, junto al monasterio de San Jerónimo– ascenderían a 575.000 maravedís; la dotación del Colegio Real suponía 150.000 maravedís y 150 fanegas de trigo y la de la escuela de moriscos, 550.000. Por tanto, una cosa era la idea fundacional y otra distinta una dotación que permitiera su puesta en funcionamiento y continuidad. El millón de maravedís que, en principio, parecía que iba a suministrar el monarca quedó prácticamente en nada. Como tantos otros proyectos imperiales éste se vio limitado por los excesivos gastos del Imperio y la Corona, la Universidad quedó a espensas de la generosidad de los prelados, por eso cuatro cátedras iban a ser acumuladas a prebendas, la ciudad costearía la de Lógica y la Catedral la de Gramática. Las demás cátedras quedaron, por el momento, sin dotación, era la manera de soslayar la carencia de presupuesto, hecho que influyó decisivamente en su ubicación definitiva. El Emperador promete renta, plasma su proyecto y encarga al prelado granadino que lo haga viable, concediéndole amplios poderes para que redactara las constituciones y resolviera las dificultades que se presentaran ante su puesta en marcha. A don Gaspar de Avalos le correspondió poner en funcionamiento la Universidad pero el prelado tiene otra concepción del espacio universitario y desea organizarlo alrededor de la Catedral, tanto para facilitar el acceso de los estudiantes al recinto como para supervisar las fundaciones. Es su decisión la que prevalece, sobre todo por motivos económicos, y a pesar de los inconvenientes que se derivarían de su construcción en el actual edificio de la Curia Eclesiástica, por su proximidad a la plaza de Bibrambla, lugar de fiestas, ejecución de sentencias y trasiego de gente.

Este es el origen de la Universidad, Granada era la ciudad idónea para la instalación de un Estudio General, según las condiciones pensadas por Alfonso X el Sabio, de buen aire e de fermosas salidas debe ser la villa que quisisiere establecer Estudio. De esta manera, la más genuina institución docente es diseñada por Carlos V y culminada por Clemente VII que –mediante bula de 14 de julio de 1531 y carta ejecutoria de la misma fecha– le concede las mismas prerrogativas y privilegios que a las de Bolonia, París, Salamanca y Alcalá y nombra al arzobispo de Granada protector y administrador de la institución: Nosotros, por consiguiente, estimando que del estudio de las letras se deriva la salud de las armas y se derrama sobre el mundo otras gracias espirituales y temporales, atentos a este tipo de súplicas erigimos e instituimos, con autoridad apostólica a manera de los existentes, un Estudio General en el que se lean como en cualquiera Facultad permitida y se confieran y concedan todos los grados académicos, de la misma manera que se tenga por costumbre conferir y conceder en las Universidades de Bolonia, París, Salamanca y Alcalá. Una vez recibida la bula confirmatoria don Gaspar de Avalos citó en su palacio, el 19 de mayo de 1532, al provisor licenciado Alfonso Pérez, al maestrescuela Francisco Ortiz y al canónigo Utiel, y manifestó que incorporaba a la Universidad a los maestros Juan Clemente, Miguel de la Gasca y Francisco Ortiz. Se levantó acta y se hizo constar que era el primer acto público de la Universidad en el que recibieron el grado de bachiller los discípulos del maestro Juan Clemente.

Se puede afirmar que con este acto la Universidad celebra su apertura oficial aunque, posiblemente, venía impartiendo algunas clases desde 1530, como se deduce de la colación de grados que tuvo lugar ese día y del acta de 14 de agosto de 1532 en la que el testimonio de Francisco López, uno de los testigos del interrogatorio para incorporar al maestro Juan Clemente a la Universidad, afirma que había recibido sus enseñanzas cinco años antes. Por consiguiente, la fundación de la Universidad responde a la problemática concreta que ofrece una ciudad recién conquistada pero inserta en la política general universitaria del Emperador.

Por otra parte, una idea de modernidad subyace en los planteamientos, Renacimiento y espiritualidad se unieron en Granada ya que la Universidad surge, en principio, con una finalidad casi exclusivamente religiosa: Ad fvgandas infidelivm tenebras haec dows literaria fvndata est/ Christianissimi Karoli Semper Avgvsti Hispaníarvm Regis mandato/ Labore et indvstria Illvstrisimi ac Reverendissimi Domini Gasparis Davalos Archiepiscopi Granatensi./Anno a Natali/ Domini Nostri Ihesu Christi MDXXXII –esta Universidad fue fundada para ahuyentar las tinieblas de los infieles, por mandato del cristianisimo Carlos, siempre augusto, Rey de las Españas, con trabajo e industria del ilustrísimo y reverendísimo don Gaspar de Avalos, arzobispo de Granada, en el año del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo de 1532–. Este fue el lema fundacional que quedó perpetuado en las ventanas del antiguo edificio de la Universidad –actual Curia Eclesiástica–, y en su portada, igualmente, los escudos de su fundador y de su protector.

 

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