Carlos V- Quinto Centenario
CARLOS V
Muchas obras de teatro han tratado las empresas del emperador, aunque, como personaje, en la escena destacan sobre todo dos momentos por su seducción para los dramaturgos: la guerra de las comunidades de Castilla y su retiro final al monasterio de YusteAndres Molinari
Crítico de teatro y música de IDEALCelebramos este año el quinto centenario del emperador Carlos V y, con ese motivo, se va a programar una serie de actos divulgativos de su persona, su actividad y su época. Los tres han servido al teatro para reflejar aquel magno imperio con sus grandezas y sus miserias y la escena, a lo largo de estos cinco siglos, ha quedado ocupada por tan atractivo personaje, César omnipotente, cristiano belicoso y hombre casi monacal tras su abdicación.
Varios momentos de la vida de Carlos V han atraído la atención del teatro. Inmediatamente antes de su llegada a España son muchas las obras en las que aparece aquella España de las primeras décadas del siglo XVI. Dos figuras se yerguen como protagonistas: su madre doña Juana y el regente Cisneros, que no pudo entregarle en mano las llaves del reino. A destacar los dramas Locura de amor, de Tamayo y Baus; Juana de Castilla, de Hans Rothe; El gran cardenal, de Juan Diamante, y Cisneros, de José María Pemán, en las que se vislumbra la ansiedad y las dudas con las que se espera al nuevo rey nacido en Gante.
Ultimos días de Carlos V. (Joaquín María Herrer y Rodríguez. 1864). Con Carlos ya en España y ya como personaje en la escena destacan sobre todo dos momentos por su seducción para los dramaturgos: la guerra de las comunidades de Castilla y su retiro final al monasterio de Yuste. El sangriento conflicto de Villalar (1521) ha sido tratado por diversos dramaturgos, entre los que merece citarse al almeriense Francisco Villaespesa con su drama en verso La leona de Castilla y a la bonaerense Ana Diosadado con su obra menos romántica y más prosaica Los comuneros. La presencia de Carlos V en Yuste y su abdicación en su hijo Felipe supone otro de los momentos más atractivos para el teatro, y también para la pintura, dramatizado en El monje de Yuste, de José María Acebo, y en El solitario de Yuste, de Marcos Zapata.
Muchas obras de teatro han tratado las empresas bélicas del emperador fuera de España, desde el Saco de Roma hasta las batallas contra los luteranos. También su presencia en Trento y las fiestas de su coronación son glosadas por comediógrafos, sobre todo italianos y centroeuropeos (Schiller, Vogel, Speyer, Kremser...) pero, por desgracia, muchas de estas obras no se han traducido al español. Destaca una decena de dramas que desarrollan la doble imagen del emperador, a la vez diplomática con los príncipes y severa con sus enemigos. La posición de Carlos en un lado de la escena y de Mauricio de Sajonia en la otra ha sido muy utilizada por dramaturgos alemanes, por ejemplo en Held im Zwielicht, drama de Zuchardt. Fuera de Europa, su acción más importante es la conquista de Túnez, a la que se alude en varias comedias de Cervantes, en Carlos V sobre Túnez, del madrileño José de Cañizares, y en la obra La mayor hazaña de Carlos V, del sevillano Jiménez de Enciso. La batalla de Pavía (1525) es escenario de El valor no tiene edad, de Bautista Diamante, y la derrota de Francisco I y su prisión en la torre de los Lujanes sirve de tema para Solaces de un prisionero o tres noches en Madrid, del duque de Rivas. También es curiosa la comedia Las tres coronaciones del emperador Carlos V, de Fernando de Zárate, y Lope de Vega dedica media docena de comedias a las hazañas del emperador con los títulos La mayor desgracia de Carlos V, Carlos V en Francia, etc. Así hasta llegar a casi medio centenar de obras de teatro en las que se alude a Carlos V en Europa o que se desarrollan con su época como trasfondo. A ellas hay que añadir las muchas escritas por autores sudamericanos en las que son protagonistas Pizarro, Cortés y otros conquistadores enviados por el emperador a las Indias, como Cuahtémoc, de Joaquín Méndez Rivas, o Apostolado en las Indias, de Eusebio Vela.
La coincidencia de de Carlos V y de Granada en el teatro se debe al atractivo dramático de varios hechos y personajes de esta época. A la cabeza de todos ellos está la legendaria conversión del duque de Gandía en la Cruz Blanca de Granada ante el cadáver de la esposa de Carlos V. Como se sabe, la emperatriz Isabel de Portugal murió en el año 1539 y, según deseo del emperador, su cadáver debía ser traído a Granada, pues en esta ciudad, y concretamente en su Catedral, se instalaría el panteón de la dinastía, como continuación de la Capilla Real en la que reposaban sus padres y abuelos. El cadáver de la bellísima emperatriz, que ya pasó su luna de miel en Granada en 1526, fue escoltado por nobles y militares y, al llegar a la entrada de la ciudad el 16 de mayo de 1539, debió abrirse el ataúd para certificar la autenticidad de la entrega. Cuenta la leyenda que don Francisco de Borja, IV duque de Gandía (1510-1572), al ver en qué estado habían quedado los restos de la hermosísima Isabel exclamó: «Ya no serviré más a señor que se pueda morir». Fue entonces cuando decidió ingresar en la Compañía de Jesús, de la que llegó a ser tercer general. El Papa Clemente XI lo canonizó en 1671 como San Francisco de Borja. Estos hechos muy teatrales, a veces con el cortejo fúnebre por las calles de Granada, aparecen reflejados en una docena de dramas entre los que destacan: El duque de Gandía, de Melchor Fernández de León; El fénix de España, de Diego Calleja; El gran duque de Gandía, de Calderón; El duque de Gandía, de Joaquín Dicenta y con música de Ruperto Chapí; Comedia de San Francisco de Borja, del mexicano Matías de Bocanegra, etc. Carlos V fundó en Granada una Universidad y en ella llegó a dar clase un negro muy instruido que había llegado a la ciudad a servir en la casa del Gran Capitán. Este profesor, que vivía junto a la iglesia de Santa Ana, recibió el apodo de Juan Latino y es protagonista de la Comedia de Juan Latino, de Jiménez de Enciso. También el actor cubano Tito Junco ha preparado la escenificación de Juan Latino, novela de José Vicente Pascual.
Otro personaje ligado a Granada y a Carlos V es Garcilaso de la V
En 1870 se abrió la tumba de Carlos V, en el Escorial, encontrándose el cuerpo del emperador momificado, como se puede apreciar por este dibujo que se hizo del natural (Palmaroli, 1870).ega. Por supuesto se trata de poeta, del epítome de esa unión idílica y quijotesca entre armas y letras, casi medio siglo después del otro Garcilaso de la Vega, el de las hazañas durante la guerra de Granada, muy frecuente en el teatro de Lope de Vega. Garcilaso formó parte de la corte de Carlos V que se instaló en la Alhambra durante el verano de 1526. Allí alternó con embajadores italianos y desarrolló una intensa labor literaria y diplomática. Sus amores en la corte instalada en Granada, sus servicios al emperador y su muerte en Provenza en octubre de 1536 son glosados en varios dramas, todos ellos titulados Garcilaso, de Serón Spinossa, Mariano Tomás, Romero Larrañaga, etc. Destaca la ópera La muerte de Garcilaso, de Ruperto Chapí, con libreto de Antonio Arnao.
Mas ligado aún a Granada es el personaje de San Juan de Dios. El portugués Juan Ciudad sirvió en las tropas del emperador durante varios años y fue soldado en Oropesa, Ceuta y Fuenterrabía. En una ocasión fue condenado a muerte por extraviar un botín de guerra y en diversas obras de teatro aparecen personas muy próximas a Carlos V, a veces el propio emperador, realizando la amnistía. Juan y Carlos no coincidieron en Granada pero sí en Viena, donde el portugués ve con su batallón al de Gante entrar victorioso el día 24 de septiembre de 1532 después de derrotar a Solimán. Juan llegará a Granada en los últimos meses de 1538 y aquí instalará su hospital en el que atenderá no pocos mutilados en las guerras imperiales. Con los últimos años de la España imperial como fondo y con San Juan de Dios como protagonista se han escrito casi medio centenar de obras de teatro, desde Juan de Dios y Antón Martín, de Lope de Vega, hasta El engañao, de José Martín Recuerda, pasando por el auto sacramental La imagen del sacramento, de Sebastián Gadea; El mejor padre de los pobres, de Calderón de la Barca, etc. En todas ellas se exaltan las virtudes de aquel compatriota de la emperatriz que murió ocho años antes que el emperador, pero además se deja entrever un personaje humilde y muy teatral que alternó sus oficios de soldado y de librero, una nueva confluencia de las armas y las letras.
Tras la muerte de Carlos V, su secuela teatral continuará en obras en las que son protagonistas sus hijos Felipe II y don Juan de Austria y su nieto homónimo el infante don Carlos. Algunas de estas obras vuelven a tener a Granada como escenario, ya que en las Alpujarras y el Albaicín se van a suceder una serie de acontecimientos históricos que serán llevados al teatro con las más diversas intenciones y resultados artísticos. También unos pocos granadinos de la época imperial pasan a ser protagonistas de comedias y dramas, entre ellos destacan el dominico fray Luis de Granada y el marino don Alvaro de Bazán.
A lo largo de estos cinco siglos ninguna faceta ha servido tanto como el teatro para ensalzar las glorias de armas y atornasolar los afanes literarios de aquel imperio. Por eso no resulta baladí con un ojo vigilar la veracidad histórica pero con el otro deleitarnos en esa idealización que hacemos unos hombres de otros y a la que llamamos teatro.
Carlos V- Quinto Centenario