Carlos V- Quinto Centenario  

 

Entre Toledo y GRANADA

Javier Gallego Roca
Director de la Escuela Superior de Arquitectura

Toledo y Granada mantendrán con Carlos V una estrecha relación en períodos diferentes de su reinado. Ambas, serán claves para entender el proceso de transformaciones urbanas emprendidas en España

Tanto en Toledo como en Granada el Emperador dejará huella de los nuevos tiempos. Unos nuevos tiempos en los que ya nada sería igual, ni siquiera el paisaje arquitectónico que se construye, ahora, vislumbrando una estrecha relación europea. Sandoval, dice, que de todas las ciudades que había visitado, Granada era la ciudad española que más le agradaba: «Aposentóse en la Alhambra, y como mirase con curiosidad los edificios antiguos, obras moriscas, y los ingenios de las aguas, y la fuerza del sitio, y la grandeza del pueblo, si bien de todas las ciudades de su reino mostró tener gran contento, de ésta en particular recibió mucho gusto».

¿Cómo era la Granada que conoció Carlos V? Una ciudad donde sus abuelos, los Reyes Católicos, habían asumido vivir a la usanza mora. Vicente Lampérez y Romea en su obra Los palacios de los reyes de España en la Edad Media, hace referencia a esta inclinación de los reyes españoles a vivir a lo morisco. Las condiciones sociopolíticas de la España de Carlos V no eran similares a las existentes en la época de los Reyes Católicos y fue necesario realizar significativas modificaciones, incluso en las concepciones arquitectónicas de la ciudad. En la Alhambra se instalaría el verano de 1526 con su mujer Isabel de Portugal, que elegiría como aposento el Cuarto Dorado. Estas habitaciones, anteriormente renovadas por los Reyes Católicos, eran las más cómodas que disponían los palacios nazaríes. La adecuación de nuevos espacios para alojar al Emperador mientras se hacía el palacio nuevo, respondían a los nuevos gustos del monarca, por este motivo se decorarán con adornos italianos. Muchas veces después, en sus múltiples viajes, evocaría «las más felices horas de su existencia» pasadas al pie de Sierra Nevada, aunque nunca más volviera a contemplar la Alhambra.

Arriba, alzado del Peinador de la Reina realizado por Leopoldo Torres Balbás en 1928 para su rehabilitación.

 

La sensibilidad por el paisaje granadino y la actitud por modificar estructuras medievales de esta época se reflejará en la bella intervención que se realizará sobre una torre árabe, para acondicionarla a estancia, con destino a la Emperatriz Isabel, que tomaría el nombre de Mirador y luego Tocador de la Reina. Gautier dice que no hay nada más encantador que este gabinete «colgado sobre un abismo azulín cuyo fondo encarnan los tejados de Granada». Hay una sensibilidad renacentista en los nuevos proyectos que se acometerán en Granada. La irrupción de nuevas realidades, de nuevos modos de pensar y condiciones de vida, se encuentran asociadas en las decisiones que cambiarían significativamente la fisonomía urbana y arquitectónica de la ciudad. El Palacio de Carlos V será exponente de ello. Antes de su visita a Granada, en 1526, Carlos V apenas había tenido la ocasión de conocer el nuevo estilo arquitectónico del Renacimiento italiano. Es posible, según Rosenthal, que en España hubiera visto algunas obras realizadas en el nuevo estilo Plateresco, por entonces frecuentemente denominado a lo romano. Manfredo Tafari sostiene un análisis radicalmente innovador de la residencia de Carlos V en Granada y evidencia el programa de la iconografía arquitectónica conectada a la idea misma del imperio, que emergía en los ambientes de la corte en la época del emperador. Las formas del renacimiento italiano asumirán en España, un extraordinario significado de testimonio y de símbolo. Vemos configurarse así el Palacio de Carlos V como una deliberada antítesis de la sugestión de los ambientes árabes y naturales del paisaje. Tal vez, como dice Roberto Pane, «en ningún otro horizonte de las formas en las cuales se expresarán las contribuciones de diversas culturas aparecen tan diferenciadas entre ellas como en España». Otros proyectos favorecerán claramente a la ciudad, estableciendo en ella la Capitanía General y la Chancillería o Tribunal Real de la mitad sur de España, Carlos V quiso también dejar plasmados los estudios universitarios y Seminario, Estas decisiones políticas impulsarán decisivamente el futuro de la ciudad.

Toledo adquirirá el rango de Ciudad Imperial, durante el reinado de Carlos V. Gregorio Marañón, en Elogio y nostalgia de Toledo, dice que cuando el emperador habitaba en Toledo, «lo hacía en las casas de sus cortesanos, como la del Conde de Melito o la de Fuensalida; junto a Santo Tomé, donde la belleza nacarada de la emperatriz se convirtió en atroz despojo de gusanos». Se levantarán en esta ciudad obras significativas, el magnífico Alcázar de cuyos planos se encargó el famoso Alonso de Covarrubias, que le dio planta cuadrada y torres angulares. Las restauraciones emprendidas en este período serán importantes: la Puerta Nueva de Bisagra, muestra los escudos con el águila bicéfala sobre los arcos de entrada. Cuatrocientos años después de su muerte volvió Carlos V a su más completa actualidad en Toledo con motivo de la Exposición de Carlos V y su ambiente en Toledo. Su instalación en el Hospital de Santa Cruz, restaurado, ofrecía su bello plateresco para mostrar en su interior al emperador que significó el ocaso de todo un mundo medieval que te-nían en Toledo y Granada sus ciudades más representativas. La personalidad de Carlos V se sitúa en el cruce de la Edad Media y la Modernidad transformando un sugestivo mundo medieval a las no menos sugerentes formas renacentistas, a través de dos de las más bellas ciudades españolas cuyas coordenadas políticas quedaban lejos de aquella Europa turbulenta.

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