Carlos V- Quinto Centenario
La Universidad CAROLINA
Lorenzo Morillas Cuevas
Rector de la Universidad de GranadaParafraseando a Cicerón, quien definió a la Historia como magistra vitae, cabría también decir sobre la Universidad –institución que entiende la vida en sus múltiples manifestaciones– que es «maestra de la vida». Por eso ahora quizás resulte pertinente una reflexión sobre su pasado que, coincidente con la conmemoración del V Centenario del Emperador Carlos V, une la acción vital del Monarca con el hecho fundacional de la propia Universidad de Granada.
Dicha rememoración histórica a la que apelamos, queremos hacerla entendida como lectura del tiempo aquel, que no del presente al cual trasladar modelos; y sin caer en el estéril revisionismo que lastra siempre a la realidad, trazando un amplio puente desde el ayer que nos muestre hoy las señas de identidad de una institución casi cinco veces centenaria y plenamente vigente. Así, el pasado, que en el mejor de sus usos ejerce su deuda, debemos ser capaces de razonarlo en un equilibrio que, sin desdeñar nuestra tradición, nos permita una ilusionada mirada hacia el futuro.
Granada y su Universidad han mantenido una larga trayectoria de encuentros y desencuentros, desde lo que fuera un viejo Reino –en el que hasta hace escasos años se basaba el mapa del distrito universitario granadino y del que aún perdura la presencia en Ceuta y Melilla– hasta la actual provincia. La Universidad de Granada, como órgano vivo, se ha sabido adaptar a cada situación histórica que le ha tocado vivir, y hoy afronta con optimismo el horizonte del nuevo milenio. Los antecedentes de la Universidad fundada por Carlos V hay que buscarlos en la Universidad árabe de Yusuf I: La Madraza Yusuffina, en la que se estudiaba álgebra, matemáticas, derecho, el Corán, etc., creada en el siglo XIV, con siglo y medio de existencia, y costeada por la Casa Real de los Monarcas Nazaríes. El otro precedente serían los Colegios de Doctrina, como el dotado en 1492 por los Reyes Católicos, bajo la advocación de San Cecilio, y en los que se intenta aculturizar a la Granada aún musulmana.
Fachada de la Curia granadina. (Foto: González Molero). Carlos V viene a Granada a los inicios del verano de 1526, permaneciendo aquí poco más de seis meses; y llega en un momento de gloria para su Reinado: reconocido Emperador, apaciguador de Castilla, y con el rey francés prisionero, a lo que se sumaban las celebradas Bodas Reales en Sevilla, donde se había casado con la emperatriz Isabel de Portugal, en una feliz hora personal, y que se unía a su joven enseñanza en la mentalidad abierta y el talante de tolerancia que le procuraba su condición de erasmista. Y la Granada con la que se encuentra aún conserva la impronta musulmana de una ciudad que apenas cuarenta años atrás era árabe. De la impresión que causó tal situación al Emperador da buena cuenta la crónica. Decide emprender entonces todo un programa político, cultural y estético, destinado a dotar a Granada de un proyecto que la transforme radicalmente y la encauce en los nuevos aires renacentistas y clasicistas que soplan en Europa. Así hay que entender la construcción del Palacio de Carlos V y el decisivo impulso de las obras del Hospital Real, la Catedral, la Curia, el Arzobispado, y tantos otros edificios.
Dentro de esa mentalidad se inscribe la reunión en la Capilla Real de la Junta de Teólogos, que adopta dos decisiones esenciales: Regular la situación de los moriscos, depositarios de la pervivencia musulmana, y de otro lado, crear la Universidad de Granada al amparo de una Cédula Imperial de 7 de noviembre de 1526, que insta al Arzobispo Pedro de Alva a crear un Colegio de Lógica, Philosofía e Theología. Nace así la estructura mínima de la que sería Universidad: un Rector y doce colegiales residentes en el llamado Colegio de Santa Crude la Fe, verdadero origen de nuestra institución, y respondiendo a una doble misión: lograr la formación de un cuerpo de clérigos para adoctrinar al morisco, y por otro lado establecer un grupo preparado de laicos destinados a la alta administración del territorio recién incorporado a la Corona.
La Universidad cierra la creación de otras instituciones emblemáticas de Granada: Chancillería, Capitanía, la representación en Cortes y el Arzobispado. La fundación se une al momento histórico de la España del Renacimiento, que revoluciona la estructura universitaria medieval, adaptando su función a las necesidades del Estado Moderno, y logrando una clase dirigente capaz y de enorme influencia. España verá progresar la creación de Universidades como en ningún lugar de Europa –salvo quizás Inglaterra–, siendo la Universidad de Granada la única de iniciativa imperial, aunque correspondía a la Iglesia su tutela con el fin de dar validez universal a sus estudios –de ahí el nombre de Universidad–. Así con la Bula Fundacional del año 1531, otorgada por Clemente VII, se equipararon los estudios de Granada con los de Bolonia, París, Salamanca y Alcalá.
La Madraza, antigua universidad árabe. (Foto: Ramón L. Pérez).El acto inaugural de la Universidad tuvo lugar el primero de mayo de 1532, presidido por el arzobispo Pedro de Avalos. Fueron cinco las facultades iniciales: Artes (Filosofía) –una introducción al estudio–, Teología, Leyes, Cánones y Medicina (quizás la única con un ciclo completo de estudios). De 1542 datan los primeros Estatutos conocidos, y que funcionaron hasta los inicios del siglo XIX. Tras su primer momento de esplendor en el siglo XVI, no exento de eternos problemas de financiación, entró en decadencia tras la sublevación de los moriscos, que marcaría una crisis general para todo el Reino de Granada. Esta postración coincidió con la de España de la centuria que conllevaría la pérdida de buena parte del imperio. Por otro lado, en este periodo cobran cada vez más fuerza los colegios, y muy especialmente el Colegio de la Compañía, de gran vitalidad estudiantil. La llegada al poder de los Borbones, en el siglo XVIII, no cambiaría la situación, mientras sigue aumentando el poder de los colegios, en especial el Colegio Eclesiástico del Sacromonte. Bajo el reinado de Carlos III se iba a producir un hecho histórico crucial: la expulsión de los Jesuitas, en un momento en que la Universidad comienza a salir de su letargo coincidiendo con el empuje científico que se vive en Europa –lo que se traduce en un aumento de estudiantes y de las rentas que se le asignan–. En 1767, año de la expulsión, la Universidad pasa a constituirse en Patronato Regio, a la vez que vive inmersa en todo un proceso de reformas de estudios, en especial los científicos: Historia Natural, Laboratorio Químico y Farmacéutico, creación del Jardín Botánico; pero también de las humanidades, con el impulso a las disciplinas de griego, latín o hebreo.
El siglo XIX nos presenta ya una Universidad de corte moderno, con una organización acorde con los nuevos planes, con su estructura de Facultades, y con los elementos hoy conocidos. Así, y aunque se trata todavía de un modelo decimonónico, su configuración anuncia ya el modelo actual. Las sucesivas reformas de 1824 (Plan de Estudios de Calomar, de carácter centralizador); la de 1845 (Gil de Zárate: Secularización, libertad de enseñanza y gratuidad); y de 1853 (ley de Claudio Moyano, de amplia repercusión, aunque más que afectar a la enseñanza y a la pedagogía fue de carácter burocrático y organizativo), configuran unos tiempos de rápidos cambios y que dieron nueva vida a la institución académica.
En época más reciente –finales del XIX– cabe traer a la memoria histórica el periodo constructivo de Santiago López Argüeta, y nombres como los de Creus Duarte, Amo, Hinojosa, García Sola, Eguilaz y Paso, vinculados a la docencia y a la creación de una verdadera escuela de universitarios granadinos. Y desde aquí se entraría en el convulso siglo XX, en el que la Universidad de Granada vivió con pasión y compromiso los cambios acaecidos en nuestro país. Los últimos años han venido marcados por la L.R.U., esto es, la readaptación del modelo a las exigencias de futuro y la apertura internacional del país. Y así hoy la Universidad de Granada es una institución dinámica, abierta, con una importante presencia en países tanto europeos –con el vínculo añadido de pertenecer al grupo de Coimbra– como latinoamericanos, además de Japón, China y Estados Unidos, lo que nos confirma, por este concepto y también por volumen de investigación, como una de las universidades punteras de Europa.
En este año 2000, la mirada al pasado desde la realidad del presente, nos permitirá rememorar a nuestro fundador –nacido tal día como hoy de hace quinientos años– con toda la serie de actividades previstas, alentadas desde la institución bajo el sugestivo nombre de Granada, ciudad carolina, y en las que participan entidades tanto públicas como privadas de todo ámbito, y que se plasmarán en nuestra Universidad, entre otros eventos, en el gran Congreso Internacional Carlos V: europeísmo y universalidad, el Encuentro Internacional de Universidades, o la celebración en el crucero del Hospital Real –en cuyas puertas ya se exhibe la imagen del emperador que servirá de icono para la ocasión– de la magnífica exposición Las Armas y las Letras en época del Emperador Carlos V.
Carlos V- Quinto Centenario