ANDRÉS SEGOVIA
Guitarrista

Linares, Jaén, 1893-Madrid 1987. Dice su biógrafo, Alberto López Poveda, que Andrés Segovia rescató la guitarra de su cautiverio folclórico y fue quien superó los prejuicios de aquellos concertistas anteriores, como Gaspar Sanz, Fernando Sor y Dionisio Aguado, o el catalán Tárrega, considerado el romántico de la guitarra y fallecido cuando Segovia daba su primer concierto en Granada. No inventó Segovia la guitarra, pero le dio carta de naturaleza universal. El la llevó a la sala de conciertos con la misma dignidad que el piano o el violín. Y con él, en un día de fiesta para la música española y universal, la guitarra entró en la Academia de Bellas Artes.

Hijo predilecto de Linares, de la provincia y de Andalucía, el público universal le otorgó su admiración. Entre sus grandes distinciones, aparte de ser Doctor Honoris Causa de numerosas Universidades, y miembro de muchísimas instituciones musicales de todo el mundo, fue nombrado «Embajador de la Paz en el Mundo», en 1976. A raíz de su entrada en la Academia de Bellas Artes, el Rey Juan Carlos 1 le concedió el título de Marqués de Salobreña. Nadie hizo tanto por la guitarra como Andrés Segovia.

La levantó de la postración en que estaba sumida. Le creó un repertorio universal y consiguió varios centenares de obras, Nacido en Linares, bautizado en Jaén, fue niño en Villacarrillo, joven en Granada y Sevilla y, finalmente, ciudadano del mundo. Decía en los últimos años de su vida que «el amor por la guitarra es uno de los fenómenos más sorprendentes de la vida musical contemporánea». A ello contribuyó Andrés Segovia, para quien «la guitarra, como española, es una orquesta reunida en un solo instrumento». Lo fue en sus manos prodigiosas que arrancaban la mejor música de las cuerdas de una guitarra. Por eso decía que la guitarra era «como una orquesta lejana y misteriosa, cuyos sonidos llegaron a nosotros desde un planete más pequeño y delicado que el nuestro...».

Jienenses del siglo XX | Redacción ideal.es