|
PABLO
MARTÍNEZ PADILLA 'TITO' En la fresca y húmeda, como la arcilla, madrugada del 29 de mayo de 1998, Pablo Martínez Padilla, Tito, el auténtico fundador de la dinastía de los Tito, dijo en silencio adiós, o hasta luego, o hasta siempre, quién sabe. Había nacido en marzo del año 1909 para regalar a la sociedad en general los 89 años de su vida de la que nunca se guardó nada para él porque, como en ocasiones se le oía decir, había venido a este mundo sin nada. Pablo Tito trabajó el barro cuando las piezas de cerámica eran de uso cotidiano; cuando este oficio no tenía reconocimiento artístico aparente, y a la vez tenía todo el arte del mundo. Durante algunos años trabajó por cuenta ajena, hasta que por fin pudo establecerse por su cuenta con la necesidad, muchas veces, de tener que salir con un borrico a vender o cambiar los cacharros para poder sacar la casa adelante. En el año 1946 se quedó viudo y con tres hijos a los que tuvo que sacar adelante, y que hoy conforman toda la prestigiosa saga de los Tito (Paco, Melchor y Juan). A ellos hay que sumarles algunos nietos que hoy destacan igualmente en el arte ceramista. Siguió trabajando con todo el ahínco que le permitían aquellos años difíciles, sintiéndose poco a poco cada vez más recompensado, ya que cada día se daba más cuenta de que algo estaba creciendo y, aunque poco, iba incorporando algo a la alfarería ubetense, entre otras cosas a sus dos jovencísimos hijos que, junto a su sobrino, aprendían el oficio. A Pablo Tito, al igual que su sonrisa, nunca le faltó la ilusión. La ponía en cualquier cosa que hacía, hasta en sus millones de trébedes que con tanto mimo hacía en sus últimos años sentado en su silla de enea para que los cacharros en el horno casi no se pegaran. La colilla de un Celtas con boquilla marcaba en la tabla las cincuenta trébedes entre pitillo y pitillo, cuando haciendo resumen de su tarea diaria decía que eran cien. A lo largo de su vida, cosechó diversos y distinguidos galardones entre los que cabe destacar el ser nombrado Hijo Predilecto de Ubeda, así como la Medalla de Andalucía, aunque en honor a la verdad, la sencillez fue siempre su mayor distinción y galardón.epetido acta de concejal en las elecciones municipales de los años 1983 y 1987. |