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Obras de Lorca

Un guión de Lorca en la pantalla
Viaje a la Luna y el diálogo entre las artes

ANTONIO MONEGAL

Cuando Federico García Lorca escribe el guión cinematográfico Viaje a la luna en Nueva York, a fines de 1929 o principios de 1930, es para ponerlo en manos de un cineasta mejicano, Emilio Amero, que al mismo tiempo era pintor. O de un pintor que a la vez era cineasta. Como los otros textos lorquianos que surgen de aquella experiencia neoyorquiria, Viaje a la luna ha tardado mucho tiempo en alcanzar su destino. El libro Poeta en Nueva York se publica póstumamente en 1940, la obra dramática El público no se estrena oficialmente hasta 1986, y el guión ha tenido que esperar hasta el centenario del nacimiento de su autor para convertirse en película. Como si se cumplieran finalmente, con enorme retraso, los planes del poeta, acaba de dirigir la película otro pintor, Frederic Amat.

Esta afortunada circunstancia sirve para poner de manifiesto el diálogo entre las artes que caracteriza esta obra: la poesía, la pintura y el cine se alían para borrar las fronteras entre sí y dar lugar a un producto de difícil clasificación. Si a menudo decimos, sin demasiada exactitud, que el cine es el lenguaje de las imágenes, en el caso de Viaje a la luna este lenguaje toma prestado su ‘vocabulario’, y sus formas de composición, de muchas fuentes distintas. Lorca aporta su repertorio de imágenes poéticas, pero también un universo visual propio que conocemos a través de sus dibujos y de su teatro (porque se tiende a olvidar que el teatro también es un arte para ver). Y a esta propuesta de Lorca se suma la visión, decisiva, del artista que la lleva al cine, cuya poética plástica pasa a formar parte inseparable de la obra.

Hasta culminar su viaje a la pantalla el guión ha sufrido extrañas y accidentadas peripecias. Hay noticias de que, tras la muerte de Lorca, Amero hizo un intento de rodar la película en Méjico, pero no la concluyó y siguió custodiando celosamente el manuscrito. En cierto sentido fue como si a la película le hubiese pasado su momento. Para cuando el texto se publicó por primera vez, en inglés, en 1964, la estética cinematográfica había cambiado mucho. El guión se escribió para una película muda, en blanco y negro, en plena efervescencia de los experimentos vanguardistas, y casi como una réplica a Un chien andalou, la película que por esa época acaban de estrenar sus amigos Luis Buñuel y Salvador Dalí. Fuera de este contexto específico no es que Viaje a la luna hubiera perdido su sentido sino que ese sentido tenía que ser necesariamente distinto. Con el tiempo pasó a ser no ya el guión para una película pendiente, sino un texto poético más de Lorca, una obra literaria para ser leída. Sin duda Viaje a la luna es un texto que invita a una lectura poética, y eso es lo que hemos hecho con él hasta ahora. Gracias a la edición en castellano que en 1980 publicó Marie Laffranque –sin haber podido aún acceder directamente al manuscrito– asistimos a la plena incorporación de esta obra al canon lorquiano, que nos permitió valorar la capacidad de sugerencia y la densidad de significado de estas imágenes, encerradas todavía en la palabra aunque marcadas por la promesa de la visualidad. La película se proyectaba, por supuesto, en la pantalla de nuestra imaginación, pero eso mismo puede ocurrir con la lectura de cualquier texto. En un sentido estricto, Viaje a la luna seguía siendo invisible. Toda posibilidad de interpretación había que remitirla a lo escrito en el papel.

Por fin salió a la luz el papel propiamente dicho, y en 1989 se reavivó la novedad de Viaje a la luna cuando la viuda de Amero, animada por Christo-pher Maurer, que preparaba la edición en inglés de la poesía de Lorca, encontró el manuscrito en su casa de Norman, Oklahoma. Gracias a la intervención de la Fundación Federico García Lorca y del entonces, ministro de Cultura, Jorge Semprún, el documento fue adquirido por la Biblioteca Nacional. Este descubrimiento ha sido importante para los lectores de Lorca, porque nos permite conocer la obra tal como él la escribió, y mi edición de Viaje a la luna –publicada en 1994 por Editorial Pre-Textos, junto con la reproducción facsímil del autógrafo, lorquiano– intenta servir a este propósito. Pero esta importancia del texto es relativa si lo miramos no como una obra literaria escrita por Federico García Lorca, sino como un guión de cine: un guión es un instrumento, parte de un proceso cuya culminación es la película.

Viaje a la luna deja ahora este extraño limbo para cumplir con su destino y materizarse en la pantalla. He de confesar que durante mucho tiempo albergué serias dudas acerca de si valía la pena rodar la película a estas alturas. Ya nunca se podrá hacer la película tal como se hubiera hecho en vida de Lorca –sería un anacronismo absurdo–, y me daba miedo que todo quedara en un ejercicio meramente arqueológico, o, lo que es peor, se cediera a un oportunismo venal que lo que busca es aprovechar el prestigio de un nombre para conseguir jugosas subvenciones. Todos estos reparos se esfumaron en cuanto conocí el trabajo realizado por Frederic Amat con Viaje a la luna.

Lo que a Viaje a la luna le hacía falta no era un ‘adaptador’ capaz de seguir al pie de la letra el guión y transferirlo al cine según criterios técnicos artesanales, sino un artista que aportara una visión original, revitalizadora para el texto, y que diera sentido al hecho de realizar la película en el momento actual. Esta es precisamente la labor desarrollada por Amat, que ha sabido asumir el doble papel de intérprete y creador. Este guión no se presta a un tratamiento cinematográfico convencional. Tiene poco de narrativo o de dramático, puesto que está construido como un poema visual, hecho de imágenes con valor metafórico. Necesitaba, por lo tanto, de alguien que se situara en esta encrucijada entre sistemas artísticos, que a la vez leyera el poema y lo visualizara.

Amat ha dedicado muchos años a un riguroso proceso de lectura de Viaje a la luna, durante el cual su interpretación del texto iba tomando forma en el ‘storyboard’ que ha dibujado plano a plano. Esta impresionante colección pictórica, que se expone ahora en Granada, constituye una primera puesta en imágenes de Viaje a la luna que, si bien es deudora del texto lorquiano, sólo se explica desde la óptica del pintor y en coherencia con su propia obra. En este sentido, Amat ha sido estrictamente fiel al guión sin dejar de ser fiel a sí mismo. Y a partir de estas imágenes ha rodado una película, que es la proyección de un sueño, la culminación de un deseo.

Uno de los gestos más interesantes de la intervención de Amat ha sido situar Viaje a la luna en nuestra contemporaneidad, no sólo tecnológicamente, sino inscribiendo en la película el rastro de la evolución de la historia de la cultura desde que Lorca redactara el guión. La estética que la pantalla reflejará no es la de los años veinte y treinta, sino la del momento artístico al que Amat pertenece. Sin renunciar, ni mucho menos, al carácter vanguardista de la propuesta lorquiana, deja constancia, mediante sutiles referencias a otros artistas, de que la vanguardia es hoy en día parte de nuestra tradición del legado cultural, que comparten el artista y el público que verá la película. Mientras subraya las conexiones con El público, con Poeta en Nueva York y con los dibújos de Lorca, Amat se ha permitido incorporar a la película algunos ecos visuales que evocan a Man Ray, a Emst, a Duchamp, a Magritte, a Buñuel y Dalí, y a más remotos antecesores, como Mantegna y Courbet, enriqueciendo así el entramado significativo de la obra.


¿O tal vez deberíamos decir de las obras? Porque donde antes teníamos tan sólo un texto de Lorca, hay ahora una triple oferta. El texto sigue ahí, invitando a la lectura, pero se le han sumado la obra pictórica y la película, que responden a esa otra invitación que llevaba implícita el guión, a hacerlo visible. Lo que habitualmente son procesos intermedios, subalternos, sin entidad artística, el guión y el story board, se han convertido aquí en obras autónomas que conviven con la película. El resultado es este fascinante diálogo entre las artes al que Viaje a la luna ha dado lugar.

 
 
 
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