| A
pocos metros de la casa de los Rosales se encuentra la Facultad
de Derecho, donde las fuerzas rebeldes instalaron la sede del Gobierno
Civil. A pesar de tan corta distancia, a García Lorca lo
trasladaron en automóvil y fuertemente escoltado.
Entraron por el acceso de la calle Duquesa. Al poeta lo encerraron
en una de las habitaciones de la primera planta. Aquellas salas
presenciaron la firma de miles de sentencias de muerte. Una de las
habitaciones fue el escenario de la escalofriante escena en la que
José Rosales llegó a encañonar con su pistola
al comandante Valdés para pedirle que dejara en libertad
a Federico, pero todo fue inútil. Valdés consulta
a Queipo de Llano, quien soltó la escalofriante frase: «Que
le den café, mucho café». Mientras tanto, la
mente de un poeta aterrado y recluido se paseaba por una vacía
habitación, sin cama y con tan sólo una mesa con una
pluma y un tintero.
Aún no se sabe si fue en la noche del 17 ó 18 de agosto
cuando se llevaron a García Lorca del Gobierno Civil, aunque
existen testimonios de que salió esposado con el maestro
de Pulianas José Dióscoro. Escoltados por guardias
y falangistas de la llamada Escuadra Negra, fueron empujados hacia
el interior de un coche en un paseo hacia la muerte, rumbo a la
localidad de Alfacar.
|