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A unos nueve kilómetros de la capital se encuentran las localidades
granadinas de Víznar y Alfacar. Los rebeldes establecieron
allí en 1936 un puesto militar para controlar una posible
incursión republicana a través de la sierra, pero
finalmente el barranco que quiebra estos pueblos se convirtió
en el escenario de miles de fusilamientos. Federico fue uno de ellos.
Desde el Gobierno Civil los vehículos ascendían hasta
Alfacar tras una breve parada ante el Palacio del Arzobispo Moscoso
y Peralta, convertido en el cuartel general de la zona. Las vistas
presentan desde esta altura todo el horizonte de la Vega y la verticalidad
pelada de Sierra Elvira.
Justo encima de Víznar, debajo del camino de Alfacar, se
encontraba Villa Concha, una edificación utilizada como residencia
de verano para los niños granadinos, de ahí que fuera
conocida en el pueblo como La Colonia. Este edificio fue usado como
cárcel provisional por los falangistas, una especie de antesala
de la muerte. Los condenados eran conducidos a una de sus habitaciones
antes de que se les diera el último 'paseo'. En la actualidad,
este paraje ha sido adquirido por la Junta de Andalucía para
acondicionar un parque dedicado a las víctimas de la Guerra
Civil. Desde la explanada de la actual casa en ruinas se puede contemplar
uno de los últimos paisajes que viera el poeta.
En la madrugada llegó la hora de la verdad, en la que se
les anunciaba a los condenados su fatal destino. Era el momento
de 'la saca'. La zona elegida fue el camino de Alfacar. El vehículo
que los conducía se paró ante un viejo olivar, y sonaron
los disparos. El olivar es hoy el Parque Federico García
Lorca y un monolito señala el olivo junto al que se cree
fue asesinado el poeta. Muy cerca de ese lugar se encuentra Fuente
Grande, la llamada por los árabes Aynadamar o fuente de las
lágrimas.
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